ANATEMAS CONTRA PROFANADORES
Manuel Fernández Espinosa
Las ancestrales creencias de ultratumba de los nórdicos son bastante complejas, pero constituyen parte del acervo tradicional de los pueblos que se formaron en la matriz de las naciones: Escandinavia. Y cuando esos pueblos se derramaron por toda Europa, las llevaron consigo. Estos atavismos escandinavos llegan incluso a España con los visigodos. Muy probablemente, con la intención de disuadir a los profanadores de tumbas, en los países nórdicos se hablaba del "draugr" (también llamado "aptrgangr") y también se creía en el "haugbui". El "draugr" o el "haugbui" no son apariciones espectrales, no son fantasmas, sino que son descritos como muertos cuyos cadáveres putrefactos adquieren vida, se levantan de la tumba, vagan y devoran y un halo de maldición rodea su tumba: "aptrgangr" significa "el que anda otra vez (después de la muerte)". Estos cadáveres putrefactos se describen como voraces y malignos, muy celosos de su sepulcro: el "haugbui" por ejemplo no sale de su tumba, pero el "draugr" sí puede hacerlo y no en son de paz. Por eso, en los países nórdicos se tenía la costumbre de poner un par de tijeras abiertas sobre el pecho del difunto, para impedir que éste se convirtiera en "draugr" o se tachonaba de agujas el calzado fúnebre, con el propósito de que si al muerto le daba por ponerse en pie, se pinchara y desistiera de caminar. El "haugbui" era más sedentario, pues sólo atacaba si la intimidad de su tumba era violada.
Las costumbres funerarias de los visigodos más preeminentes incluían un ajuar funerario que no pocas veces era codiciado por los profanadores de tumbas. Encontramos que en la "Lex visigothorum" se estipulaba la condena de 200 golpes con flagelo y muerte en la hoguera para todo aquel esclavo que profanara una tumba, toda vez habiéndole hecho devolver todo lo sustraído de la tumba violada. Aunque las creencias del "haugbui" no puedan registrarse en la España visigoda, sí que encontramos algunas lápidas cuyas inscripciones amenazan con la maldición anatemática a quienes pudieran profanar la tumba. Es así como tenemos una curiosa inscripción funeraria en Jaén que dice:
Las costumbres funerarias de los visigodos más preeminentes incluían un ajuar funerario que no pocas veces era codiciado por los profanadores de tumbas. Encontramos que en la "Lex visigothorum" se estipulaba la condena de 200 golpes con flagelo y muerte en la hoguera para todo aquel esclavo que profanara una tumba, toda vez habiéndole hecho devolver todo lo sustraído de la tumba violada. Aunque las creencias del "haugbui" no puedan registrarse en la España visigoda, sí que encontramos algunas lápidas cuyas inscripciones amenazan con la maldición anatemática a quienes pudieran profanar la tumba. Es así como tenemos una curiosa inscripción funeraria en Jaén que dice:
HIC EST SEPVLCRS TEV
DESINDE VT SI QVIS SE
PVLCRVM INQVIE
TAVERIT ISTVM
CVM IVDAM TRADIT
OREM ANAT AT IGNVM
"Hic est sepulcrus Teudesinde ut si quis sepulcrum inquie teverit istum cum Iudam traditorem anat at ignum".
"Este sepulcro es de Teudesinda; así que si alguien lo perturbare, sea anatema y vaya al fuego con Judas el Traidor."
La inscripción de esta lápida precisa quien estaba enterrada allí: Teudesinda. Se descubrió esta lápida en Cárchel (provincia de Jaén) allá por 1950-1960 en las inmediaciones de la iglesia, donde aparecieron varias tumbas.
Teudesinda, en consonancia con los anatemas que eran habituales en la iglesia visigoda, advierte desde su última morada que quien estorbe la paz de su sepulcro se verá reducido a la desgracia eterna de Judas Iscariote y las llamas del infierno. Puede que a más de un visigodo se le pasara por la cabeza que, así las cosas, cualquiera sabría si Teudesinda estaba guardando su sepulcro como un muerto viviente, putrescente defensora de su tumba, convertida en uno de esos "haugbui" o "draugr" que nos refieren las sagas nórdicas.
DESINDE VT SI QVIS SE
PVLCRVM INQVIE
TAVERIT ISTVM
CVM IVDAM TRADIT
OREM ANAT AT IGNVM
"Hic est sepulcrus Teudesinde ut si quis sepulcrum inquie teverit istum cum Iudam traditorem anat at ignum".
"Este sepulcro es de Teudesinda; así que si alguien lo perturbare, sea anatema y vaya al fuego con Judas el Traidor."
La inscripción de esta lápida precisa quien estaba enterrada allí: Teudesinda. Se descubrió esta lápida en Cárchel (provincia de Jaén) allá por 1950-1960 en las inmediaciones de la iglesia, donde aparecieron varias tumbas.
Teudesinda, en consonancia con los anatemas que eran habituales en la iglesia visigoda, advierte desde su última morada que quien estorbe la paz de su sepulcro se verá reducido a la desgracia eterna de Judas Iscariote y las llamas del infierno. Puede que a más de un visigodo se le pasara por la cabeza que, así las cosas, cualquiera sabría si Teudesinda estaba guardando su sepulcro como un muerto viviente, putrescente defensora de su tumba, convertida en uno de esos "haugbui" o "draugr" que nos refieren las sagas nórdicas.

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