EL GOTICISMO HISPÁNICO
EL GOTICISMO HISPANO, EL MÁS ANTIGUO DE EUROPA
Manuel Fernández Espinosa
En "Los visigodos imaginados del siglo XIX" he abordado la representación iconográfica que, a lo largo del siglo XIX y con fines de afianzar la legitimidad del Estado liberal, buscaba motivo en los episodios y Reyes de la España de los Godos. Fue una empresa artística, llevada a cabo sobre todo por pintores, aunque no queremos olvidar algunas producciones literarias como "El puñal de godo" de José Zorrilla o en el campo carlista, con otro propósito, cabría recordar "Amaya" de Francisco Navarro Villoslada. Pero, lo que podemos llamar "goticismo": ¿es en España un fenómeno tan reciente que quepa localizarlo en fecha tan tardía como el siglo XIX? Ni mucho menos. En modo alguno es así, como tendré ocasión de presentar las pruebas aquí abajo.
Reivindicar a los Godos en España es uno de nuestros atavismos más persistentes. Se trata de una constante que, aunque en algunas etapas de nuestra historia parece que se eclipsa, siempre termina por rebrotar. Hay momentos históricos en que el tema de los godos pasa a la latencia, como si no hubieran pasado por la Península Ibérica; pero, a pesar de sus fluctuaciones, el tema retorna bajo un aspecto u otro (político, cultural, artístico, etcétera), por lo que podemos afirmar que se trata de una constante.
Algo semejante pasa en los países nórdicos. Pero hay que esperar a los humanistas suecos para que el "goticismo" vaya tomando forma en los países escandinavos. Johannes Bureus (1568-1652) y Olof Verelius (1618-1682) serían precursores en el estudio de las Runas, Verelius incluso fundaría una Escuela Hyperborea. Luego vendrían Olof Rudbeck (1630-1702) y, más tarde, Erik Gustaf Geijer (1783-1847) que fundaría la "Götiska Förbundet" (Liga Gótica) en el año 1815. En cambio, en España el goticismo es todavía más antiguo que en los países de Escandinavia. Eso sí, nuestro goticismo original fue siempre menos dado a especulaciones eruditas de anticuarios; lo que urgía en España era, después del año 711, tras la invasión sarracena, reconquistar el territorio ocupado. En nuestros días muchos sedicentes historiadores (incluso con cátedra) ponen en cuestión esto, soslayando incluso las más contundentes evidencias. Habrá que recordarles que eso de la Reconquista no se trata de un "mito" creado a posteriori, pues hasta la documentación arábiga lo refleja en fecha tan temprana como el siglo XI, así lo hace las memorias del rey zirí Abdalá, cuando Abdalá nos revela que el conde godo Sisnando le declaró al mismo reyezuelo ziri que: "Al Andalus era en principio de los cristianos, hasta que los árabes los vencieron y arrinconaron en Galicia..." y le explanó que no pararían hasta reconquistarlo todo. La voluntad expresa de los godos (aunque hubiera godos colaboracionistas del islam, e incluso conversos a él) era restaurar el Reino Godo de Toledo y expulsar a los invasores.
Julio Caro Baroja (en "Los judíos en la España moderna y contemporánea") remonta el "goticismo" al siglo XIV, pero -como vemos- podría haberse ido todavía mucho más atrás. Dice el antropólogo vasco: "Durante los siglos XIV, XV y XVI se consideraba como supremo honor para una familia descender de los godos." Lo que dice es cierto, pero lo que a partir del XIV se generalizaría, podría hallarse incluso en tiempos anteriores como en el siglo XI. No obstante, todo hace pensar que en el campo cristiano (incluidos los mozárabes) siempre hubo como una tensión entre los que afirmaban su alcurnia goda y los que enfatizaban el elemento hispano-romano: la invasión mahometana nos sorprendió en pleno proceso de fusión étnico (algo que, teniendo en cuenta la fuerza que la estirpe tenía entre los godos, es de suponer que costaría mucho tiempo), por eso da la impresión que, entre los mismos cristianos, no se ponían de acuerdo en si reivindicar a los godos o a los hispano-romanos.
La nobleza española reclamó siempre sus timbres en la sangre goda (como la francesa lo hacía con los francos), como bien apunta Caro Baroja, y eso puede verse ojeando lo mejor de nuestra literatura de los siglos áureos: Lope de Vega, Quevedo, etcétera. Con antelación, Pedro de Corral había escrito su "Crónica del Rey Don Rodrigo, postrimero rey de los Godos" (hacia 1430) que no por tratarse de una "crónica" que fantasea e imagina, desprovista de lo que hoy se considera "rigor histórico", deja de ser interesante para comprobar en su estructura profunda el concepto hegemónico del goticismo. Lo mismo tenemos en otras obras, como el "Repertorio de Príncipes de España" de Pedro de Escavias (siglo XV); esta tendencia proseguiría en los Armoriales de todos los heraldistas, sea "Nobleza de Andalucía" de Gonzalo Argote de Molina. No obstante, aunque se dice que muchos autores literarios de los siglos XVI y XVII reprocharon la costumbre de porfiar en los orígenes godos (que a veces eran inventados en algunas familias), haríamos bien en ver en esa censura más una sátira contra los vicios públicos que un rechazo a los godos como tal. El aragonés Baltasar Gracián pudo escribir en "El Criticón": "La Soberbia, como primera en todo lo malo, cogió la delantera. Topó con España, primera provincia de la Europa. Parecióla tan de su genio, que se perpetuó en ella. Allí vive y allí reina con todos sus aliados, la estimación propia, el desprecio ajeno, el querer mandarlo todo y servir a nadie, hacer del don Diego y "vengo de los godos", el lucir, el campear, el alabarse, el hablar mucho, alto y hueco...". Pero eso, bien mirado, es una amonestación cristiana contra el vicio capital de la soberbia, no un rechazo del ingrediente godo que se acepta como constitutivo de España.
Un diplomático y autor de la talla de Diego de Saavedra Fajardo, en el contexto de la Guerra de los Treinta Años, recuerda a Europa toda que es la Casa Real de España la que ostenta la legítima herencia de los Godos, con su "Corona gothica castellana y austriaca políticamente ilustrada" (Munich, Juan Jansonio, 1646), también -es cierto- lo hacía con intereses diplomáticos ante los suecos, subrayando el origen común.
Caro Baroja afirma que: "En el siglo XVIII pocos eran los hombres cultos que sentían como en el siglo XV ó XVI en este orden. Los godos toman un carácter remoto de cosa vetusta y ajena en todo al mundo del presente y hasta ridícula si se quiere". Por esas fechas se propaga en Hispanoamérica (y en Canarias también) el empleo peyorativo del término "godo" para referirse a los españoles peninsulares y, también, notándolos en "godos" como más reaccionarios. Pero, aunque Caro Baroja se ocupa especialmente en traer a colación citas de autores dieciochescos poco inclinados a los godos, nosotros podríamos también traer a capítulo a otros, no menos cultos, como el P. Alejandro del Barco García (erudito y pionero en la arqueología andaluza del siglo XVIII), para aseverar que eso podría ocurrir en los sectores minoritarios más modernos, sin haber afectado a la gran mayoría.
Lo cierto es que, como decíamos en "Los visigodos imaginados del siglo XIX", aunque a finales del XVII y XVIII pudiéramos detectar los primeros síntomas de desapego y hasta rechazo por el goticismo, el goticismo rebrota en algunos miembros de las Cortes de Cádiz y es empleado por los gabinetes de Isabel II para confeccionar un argumentario iconográfico que la dote de la legitimidad puesta en litigio.
En el siglo XX todavía asistiremos a un rebrotar del goticismo en algunos medios intelectuales, pero eso sería otra historia.

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